Cuando me fui a dormir eran las 11:00 AM, estaba de mal humor, pero no tan cansando en realidad, solo quería olvidarme de la vida. Desperté súbitamente, me sentí desorientado, miré hacia la ventana y vi la luz atravesando las cortinas café y dorado. Había mucha luz pero no se veía el cielo azul, debía estar nublado pues parecia que era muy tarde aunque estaba seguro de no haber dormido tanto. Se escuchaban los truenos de una lluvia impaciente. Todo este ambiente me parecía más bien atigrado, con esa luz café y dorada entrando en la ventana y esos rugidos lejanos, me dió la sensación de que un tigre me espiaba, de que me había despertado porque se aburrió de verme dormir.
Entonces me distrajo una dolorosa erección, la verdad es que ahí estaba desde hace rato, desde antes de despertar, y yo sabia la razón. Estaba teniendo un sueño erótico. Fue muy vívido. Recuerdo la textura de su lengua y el sabor de su fresca saliva, también recuerdo el zumbido de mi corazón, el brillo en mis ojos y la curva de mi sonrisa, pícara, al saber que hacia algo indebido, pero sin sentir el mínimo rastro de culpa. En esa cama, en ese cuarto oscuro donde se suponía debíamos dormir, había empezado la lucha, el juego de compañeros que se convirtió en besos y un par de caricias, y luego en más besos. Yo no necesitaba más. Y fue suficiente para despertar sobresaltado y quedar con dolor de bolas toda la tarde.
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