lunes, 25 de septiembre de 2017

Némesis

El mundo clama justicia. Acostumbro contrariarme a mi mismo, antes que a los demás, y eso termina por censurar muchos de mis pensamientos, pero al final aparecen en algún lado, porque las ideas no nos pertenecen y claro, terminan en la cabeza de alguien con mas huevos o con menos moral, que si las comparte, y entonces me doy cuenta que vale la pena decir las cosas desagradables.
Muchas tragedias invaden mi nación y grandes desastres naturales golpean diferentes zonas del planeta al mismo tiempo. ¿Es el apocalipsis? Si. Es el inicio.
Da igual si es Dios, el cambio climático, los Annunaki o el nuevo orden, estoy presenciando el inicio del fin. Stephen Howking lo ha advertido, los humanos deben empezar a trabajar para abandonar el planeta, la vida es insostenible debido al daño que hemos ocasionado, dice que es irreparable. Y entonces mi mente sociopata reacciona y piensa ¿Habrá considerado la opción de reducir drásticamente la población humana? El derecho a la vida humana sobre las otras formas de vida ha sido el mayor crimen de la humanidad, considero que si todos nuestros esfuerzos sortean el hecho de que existen demasiados seres humanos (y nos urge controlar nuestra población) no llegaremos lejos. Tal vez, los desastres naturales tengan un objetivo natural. Tal vez no sea tarde para una guerra nuclear o una pandemia. Mi único deseo en cualquiera de los 3 escenarios anteriores es que el resto de las especies logre sobrevivir a la destrucción y a las enfermedades que la muerte humana puede traer consigo. Que bueno que no tengo que ser yo quien apriete el botón de la extinción humana. Pero si fuera, lo haría. Apagaría la voracidad con gusto. Estaría dispuesto a ser el villano.
Mi espiritualidad apunta hacia lugares muy lejanos, se mezcla con ciencia y paranoia, es en ese caso, toda una religión. Y menciono lo anterior porque ante los últimos acontecimientos en mi país, todos hemos mirado al cielo para acordarnos de nuestros dioses. En ese sentido hemos pues, recordado que somos mortales, que estamos a la merced de su ira, que somos sensibles a su manipulación y culpables de todos los pecados, merecedores de todos los castigos. Vamos a morir y según como están las cosas puede ser de forma inesperada. Y es que los humanos acostumbramos creer que somos capaces de controlar la forma y el momento en el que vamos a morir, hasta que llega el destino y nos muestra nuestro error. 
Tenemos que tomar responsabilidad acerca de nuestro paso por la tierra. Me invade la rabia y la impotencia. Pero algo debo hacer, si no puedo destruirlos debo mostrarles lo importante que es que dejemos de existir. Si lo hacemos bien, no tendremos que morir al mismo tiempo, se trata entonces de dejar de reproducirnos, ni siquiera gradualmente, ¿Cuál sería el punto? Hagamoslo y ya. La vida va a continuar. Todos seguiremos existiendo. Todos habremos llegado al otro lado. Eso sería renunciar a lo que nos hace humanos, terrenales, apegados, voraces, vanidosos... mortales.